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Impuesto a las bebidas azucaradas, ¿salud pública o carga impositiva?

Continúa el debate acerca de si gravando con impuestos las bebidas azucaradas puede reducirse el consumo y contribuye a la reducción de la obesidad y la diabetes.

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Uno de los problemas de salud pública que preocupa a muchos países alrededor del mundo es la obesidad. Estados Unidos, por ejemplo, ocupa el primer puesto en obesidad a nivel mundial con más del 70% en adultos y más del 30% en niños, siendo las bebidas azucaradas una de las principales causas atribuidas a esta enfermedad. Países como Francia, Bélgica, Hungría y México ya han comenzado a establecer algún tipo de impuesto a las bebidas con azúcar con distintos niveles de efectividad desde hace varios años.

Recientemente en el Reino Unido el Ministro de Finanzas, George Osborne, anunció que se cobrará un impuesto a las bebidas azucaradas, basando el monto del impuesto con respecto a los niveles de azúcar en las bebidas. Esta medida, como en los demás países en donde se ha implementado, abre el debate acerca de que si gravando con impuestos las bebidas azucaradas, efectivamente se puede reducir el consumo, contribuyendo a la reducción de la obesidad y la diabetes en ese país.

Si bien cualquier persona es libre de escoger el producto que consume a riesgo propio, muchas de estas personas pueden desconocer de los efectos nocivos de lo que consumen; es posible que por pura ignorancia muchos padres o particulares alimenten a sus hijos o a ellos mismos con estas bebidas que pueden resultar nocivas si se consumen en exceso.

Sin embargo, también es previsible que la imposición tributaria contribuya a crear impactos económicos negativos o propender a crear desempleo al descincentivar el consumo de estos productos colgándoles nuevos impuestos. Es también importante mencionar que tales medidas afectan sobre todo a aquellas poblaciones de escasos recursos quienes utilizan una proporción más alta de su recursos en alimentos; en otras palabras, estos impuestos sobre las ventas afectan sobre todo a los más pobres; las personas más acomodadas sentirán el “golpe” de manera mucho menor.

También se puede inferir que este impuesto genera repercusiones en las poblaciones más pobres, porque son ellas las que más consumen este tipo de bebidas azucaradas. Por ejemplo los mexicanos consumen más de 137 litros por año, mientras que en Francia solo se consumen 37 litros. El impuesto a las bebidas azucaradas además de ser una excusa del Estado para recaudar dinero, sirve para inducir al consumidor para que sustituya este tipo de bebidas por otras con menos niveles de azúcar.

La evidencia en México dice que la introducción del impuesto redujo el consumo de refrescos entre el 6% y el 12% en 2014, al tiempo que el consumo de agua embotellada aumentó en un 4%.

La obesidad puede llegar a convertirse en un problema de salud pública que colapsaría cualquier sistema de salud en el mundo y la recomendación de gravar con impuestos las bebidas azucaradas la ha dado la propia Organización Mundial de la Salud OMS. Según esta organización internacional, “el gravamen ha demostrado ser una estrategia efectiva para bajar la demanda de sustancias que pueden resultar lesivas para la salud.”

Este artículo fue publicado originalmente en la vigésimo primera edición del periódico Activo Legal. Si desea obtener esta información de manera actual y rápida, haga click en suscripciones.

Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de Activo Legal SAS.