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Chevron gana otra partida en el caso sobre la explotación petrolífera en la selva ecuatoriana

Con un fallo de una Corte de los Estados Unidos, los bienes y activos de la compañía en ese país no podrán utilizarse en la indemnización por la contaminación en el amazonas ecuatoriano.

13 de octubre de 2016

Un fallo de apelaciones de un corte judicial de Estados Unidos aguó de manera rotunda la fiesta de unos pobladores de Ecuador, que esperaban el pago de 9.500 millones de dólares de indemnización, por parte de Chevron (antigua Texaco), por la contaminación de las selvas ecuatorianas durante 1964 y 1992; tiempo en que operó en estas zonas.

Específicamente se trata de los yacimientos petrolíferos que la compañía explotó durante casi tres décadas en la zona amazónica del Ecuador de Sucumbíos que, según las comunidades indígenas demandantes, causó el derramamiento de más de 80.000 toneladas de residuos de esta materia, específicamente en el Lago Agrio.

La demanda instaurada ha tenido una larga vida, remontándose desde 1993, momento en que los damnificados inician el juicio en un tribunal de Nueva York y ha llegado a unos niveles tan complejos, que son básicamente las personas inmersas en el caso quienes podrían entenderlo plenamente.

En esa primera demanda, Chevron logró que la jurisdicción del caso pasara a la jurisdicción ecuatoriana, esperando que el juicio fuera más leve allá —la razón que más se menciona es que en esos tiempos Ecuador era regido por un Estado “neoliberal” de corte favorable a los intereses de las grandes multinacionales inversoras en el país—. Sin embargo, lo que verdaderamente quería esta compañía era que se desechara el caso, cosa que solo pudo suceder en Estados Unidos, con la condición implantada por el juez de que sea conocido por la jurisdicción del país afectado, es decir Ecuador y que la compañía se abstuviera de alegar lo que se decidiera.

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Así, a partir de mayo de 2003 se presentó la demanda en la Corte Superior de Nueva Loja, en Sucumbíos, por afectaciones ambientales. Los demandante tuvieron que esperar 9 años, para que en 2011 la Corte Provincial de Lago Agrio ratificara la sentencia contra Chevron Corporation por todos los daños ambientales que causó, obligándola a pagar 9.500 millones de dólares por daño ambiental en la Amazonía. Sin embargo, la compañía se negó a reconocerla y en su lugar inició acusaciones contra los demandantes por actos de intento de extorsión.

Además, la petrolera sostuvo que hubo fraude y llevó el caso nuevamente a Estados Unidos, la que recientemente, en una corte de apelaciones, bloqueó el pago, dándole la razón a la compañía sosteniendo que un abogado representante de los demandantes, Steven Donziger, utilizó “medios corruptos para acceder al monto compensatorio”.

Aunque se podría pensar que la decisión le ponía coto final a esta aventura jurídica, la decisión solo aplica en Estados Unidos; es decir que la compañía no tiene la obligación de pagar la indemnización con los activos que se encuentren en este país. El caso sigue vivito y coleando en las demás jurisdicciones donde la compañía tiene bienes y capitales, como es Argentina, Brasil o Canadá.



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De este tema han surgido varias críticas a la institución misma de la justicia entre distintas jurisdicciones. La principal: que una multinacional puede cortar la aplicación de una sentencia, si impone un coto insuperable en la jurisdicción donde se encuentran sus bienes; el fallo ya existía y solo era necesario que fuera obedecido.

Por otro lado, en este mismo año, el Tribunal Supremo de Estados Unidos, falló otro caso relacionado con la explotación de esta zona selvática por parte de esta compañía: el incumplimiento del Estado de Ecuador en un contrato que tenía con Texaco Petroleum. Co (que fue comprada por Chevron) para desarrollar campos petrolíferos. Al final, se condenó a Ecuador a pagarle a esta compañía 96 millones de dólares.


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¿Se hizo justicia? El espacio no nos permite ahondar más para responder esta pregunta. Lo cierto, por lo menos en el primer caso, es que sí existe un grave problema ambiental eneste territorio de Sucumbíos. La nieta de Jacques Cousteau, Alexandra Cousteau, fue testigo hace un par de años de lo sucedido en la selva; haciéndose retratar con una mano llena de este material, luego de enterrarla en uno de los pantanos que, se dice, fueron causados por la explotación de petróleo.



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Este artículo fue publicado originalmente en la vigésima cuarta edición del periódico Activo Legal. Si desea obtener esta información de manera actual y rápida, haga click en suscripciones.

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